TERQUE CELEBRA LA VIII JORNADA DE RECUPERACION DE OFICIOS ANTIGUOS

Como en  las anteriores jornadas los trabajos relacionados con la agricultura parralera han sido el  centro vertebrador de las actividades: la elaboración de los tradicionales barriles para la uva de embarque y  los trabajos del  enfaenado de la uva: peso de la uva con romana, limpieza y envasado y acarreo de cajas y barriles con bestias. 

Afilador, Aguador, alfarero, arriero, artesano de alambre, artesano de caña, barbero, barrilero, carpintero, ceca de moneda, albañil, encuadernador, molinero manual, sastre, trabajador del esparto, fabricante de velas, fotógrafo minutero, grabador, cocinero, hilador de lana, costurera, bolilleras, lavanderas, planchadora, pregonero, tallador lítico, vendedor ambulante, sillero en anea, talabartero, cartero, turronero, pisador de uva, fabricante artesanal de queso, destilador de licores, fabricante de jabón casero, vendedor de colonia, matarife…
Los puntos suspensivos llegan para detener la relación. Si no fallan las cuentas, son 37. Pues eso, 37, sin contar varias de las actividades que incluyen las faenas de la uva y de la matanza, han sido los trabajos representados en la VIII Jornadas de Recuperación de Oficios Antiguos, que, organización del Ayuntamiento de Terque y la Asociación de Amigos de los Museos de Terque y el patrocinio de la Diputación Provincial, se celebraron el sábado día 2. La Plaza del Solar , flanqueada «por la Iglesia y por uno de los conjuntos de casas mejor conservado de toda la provincia», puso el escenario y las 11 marcaron la hora del inicio de la muestra de tales oficios.Toda la jornada estuvo amenizada por las canciones del grupo folklórico  El Auxar de  Laujar del Andarax recorriendo las calles del pueblo.
Mayores y jóvenes
«Con este evento pretendemos revivir varios oficios que en otro tiempo formaron parte de la vida cotidiana de los almerienses y que hoy, por diferentes circunstancias, prácticamente han desaparecido del mercado laboral o, en el mejor de los casos, se realizan de una forma esporádica y minoritaria», manifiestan los organizadores. Se pretende igualmente con la jornada «difundir los saberes orales y las prácticas tradicionales entre las personas mayores que las reviven y actualizan en su memoria así como entre los más jóvenes para que conozcan y aprendan algunos aspectos culturales que vivieron sus padres y abuelos».
Cada edición ha sumado tanto nuevos oficios como nuevos pueblos participantes y, si en los inicios se limitaron prácticamente a Terque y a las faenas relacionadas con la uva, en esta octava edición, sin que ninguno de esos dos elementos pierdan protagonismo, todo lo contrario, lo aumenten por el incremento del entorno, se acerca al medio centenar el número de oficios revividos -ahí está la relación registrado al inicio de esta información- y habrá representación de Almócita, Benahadux, Alboloduy, Huércal Overa, Alhama, Gádor, Alicún, Berja, Íllar, Lubrín, Ohanes y Purchena. (Dalías no estuvo representada en la jornada).
Añoranza y orgullo
Desde los organizadores se llama la atención de que cada uno de estos oficios constituía de por sí todo un arte, que conllevaba todo un aprendizaje, que tenía como una de sus bases la experiencia junto con la práctica. Se empezaba desde la niñez y como aprendiz. En aquellos tiempos, ¡¡¡gracias a Dios!!! no había becarios, aunque, en algunos ámbitos, hubiese becados. Algunos de esos oficios compartían su ejercicio fijo, con lugar de trabajo estable, y su ejercicio ambulante, es decir, el trabajador recorría varias zonas geográficas en una extensión que dependía de varias y diversas circunstancias. Desde otra perspectiva, también se puede hablar de oficios que permitían dar una segunda, tercera o más oportunidades a utensilios. Como ejemplos, aparecen el afilador y el lañador. El primero -distinguible, identificado y sobre todo audible por su característico silbato y su destreza al tocarlo- facilitaba la duración de cuchillos, navajas y tijeras mientras que el segundo posibilitaba la continuidad en el uso de cántaros y fuentes. Un doble sentimiento se recoge cuando se tiene la oportunidad de hablar con alguna persona que conserva aún su oficio. Por un lado, la pena y la añoranza por lo que significa de pérdida y de recuerdo de otros tiempos -mejor, para ellos-. Por otro, de satisfacción y de orgullo por la labor realizada y por sentirse en posesión de una especie de misterio.
Los Museos de Terque en su vocación de velar por el patrimonio etnográfico de la provincia, tanto de los objetos que custodia como de las experiencias y procesos que los generaron, intenta hacer una fiesta singular alejada de las difundidas, idénticas y comerciales fiestas “medievales” que se realizan en multitudes de pueblos de España.” 

Albúm fotográfico
  
  
  
  
   
  
 

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