El honor de los pieds-noirs

Más de doscientos antiguos residentes en el Orán de la época colonial se reunieron en Dalías en torno a la imagen de su patrona la Virgen de Santa Cruz para compartir buenos recuerdos

El padre García, oficiando la misa. A la izquierda, la Virgen de Santa Cruz. [ La Voz ]

http://www.lavozdealmeria.com 2.6.2013 | Jacinto Castillo

Cuando el sacerdote Laurent García invitó a los fieles a darse la paz, la iglesia de Dalías se convirtió en un abrazo sin fin de banco a banco. Eso sí, sin perder la compostura propia de la exquisita educación francesa de estos españoles, en buena parte de origen almeriense, que proclaman con orgullo su condición de “ciudadanos de África”, su condición de pied-noir.

La misa en español y en francés fue el primer acto de un encuentro que ha traído hasta Almería a unas doscientas personas las cuales vivieron la última etapa de la historia de la colonia francesa de Argelia, casi todos en Orán.
Una ceremonia que estuvo presidida por una imagen de la Virgen de Santa Cruz, patrona de la colonia europea de Orán y que sigue polarizando, medio siglo después de que concluyera aquella etapa, a miles de personas. La imagen original esta en Nîmes y es uno de los destinos de peregrinación más importantes de Francia. La de Dalías fue una donación de Marcel Gonzálvez, un pied-noir de Almería que celebró con este regalo sus bodas de oro.
Ellos son pieds-noirs, que  presumen ahora de ese nombre y compran camisetas ilustradas con dos plantas de pies de color negro, porque lo consideran un honor, una seña de identidad.

Recuerdos de La Calera

Así lo cuenta Fernando Fernández, que ahora a sus 84 años reside en Adra, después de casi cincuenta en Senegal, país al que pasó cuando en los sesenta los eeuropeos ya no podían residir en Orán. Fernando comparte con su  amiga de toda la vida, Marie-Claire, los recuerdos de La Calera, un barrio oranés donde “no había bares ni gente extraña y donde los cristianos y los musulmanes vivían como en familia”. Fernando ha escrito un libro en francés donde  cuentan todo eso. Marie-Claire escucha a Fernando hablar de aquella época y se nombra como la hija de El Cascarilla, que era el barbero de La Calera.

Llevan en la sangre a Orán todos ellos, como cuentan Mari Carmen Ruiz Acién, que aún conserva familia en El Ejido, acompañada de Julio Alcalde de origen almeriense. Comparten amistad y recuerdos con Germaine Pérez -Carmen dice ella-  y su marido. A los cuatro se les ilumina la mirada contando como sigue vivo el orgullo de los pieds-noirs, que tienen, incluso, su propio periódico: ‘Las amities oranaises’ y una asociación, ‘Amicale Oranaise’.

Después de la misa, el almuerzo en el Casino mantuvo el ambiente de serena emoción con el que estas personas conservan los mejores recuerdos de sus vidas, recuerdos de aquella época dorada en la que Orán contaba con 300.000 habitantes y en sus avenidas y en sus qartiers se hablaba español, una lengua que también era entendida por la población francesa y argelina. Por eso, Lucas Martínez, de familia nijareña, muestra ufano la bandera que han inventado: una tricolor, pero con el rojo convertido en negro. La nación de todos ellos era España, pero su patria fue África, y la ciudad de su amores, Orán. Así que, se convirtieron en franceses de educación, españoles de corazón y oraneses de emoción.